Proceso de Paz, en dónde estamos?

Publicado el septiembre 30, 2013 10:27 pm por with 0 comentarios

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Por: Elberto Rojas Zorro

Al parecer, hasta el momento las conversaciones sostenidas en la mesa de diálogos de la Habana, en relación a la participación en política de las Farc, han logrado más disensos que consensos. Y es apenas lógico que esto se dé, no solo por la categoría del antagonismo sino porque en este punto de la agenda es donde convergen con mayor notoriedad los temas centrales que constituyen el contenido nuclear del proceso, como el reconocer y respetar el derecho de las víctimas a conocer la verdad, el tema de la justicia, de la reparación y de la no repetición. Estos aspectos son específicamente interdependientes; tratarlos, por tanto, integralmente no solo es deseable sino que no es tarea fácil, sobre todo si se compite contra el factor tiempo preestablecido.

Hace veinte días hablábamos que los caminos para encontrar la paz se estaban allanando; apreciación que esta tutelada por la realidad de los hechos. El Presidente de la República, en su intervención en días pasados ante la Organización de las Naciones Unidas, planteó la necesidad de contar con el respaldo Internacional para aplicar autónomamente en el periodo de transición que vive el país la Justicia Transicional. Buscando el mismo objetivo se entrevistó con la Directora de la Corte Penal Internacional. Como resultado de esta gestión presidencial, Colombia recibió sin dubitaciones un amplio apoyo y cooperación para responder a las justas aspiraciones de los colombianos en la búsqueda de la paz.

De la entrevista con la Directora de la Corte Penal Internacional el Presidente nos cuenta, que ella ha dicho: “que la responsabilidad era de los colombianos, que nosotros teníamos la autonomía para proceder en la dirección que nosotros consideráramos conveniente, por supuesto respetando los compromisos tanto nacionales como Internacionales”.

Actualmente se percibe en la sociedad colombiana una dinámica creciente a través de movimientos y colectivos de la sociedad, y de organizaciones de distinto orden, que por distintas regiones del país tratan de desentrañar verdades del conflicto. La patrona de Colombia, la Virgen de Chiquinquirá, ha sido desplazada por los principales lugares donde se gestó y desarrolló la más degradada violencia que han vivido los colombianos. El sentido de este tipo de actividades, que se da en determinados niveles, se entiende como la convocatoria al recuerdo, a la memoria, no para estimular la venganza ni el odio profundo sino para transitar el camino de la no repetición; para colocarle el espejo al victimario y a la víctima, para que se reconozcan, se arrepientan o perdonen. Es la manera de construir una verdadera memoria colectiva. El momento de la verdad está llegando, por fuera y en la mesa de diálogo.

El tiempo se está acabando; o quizás se acabó. En treinta días no es posible racionalmente que se acuerde lo más importante y definitivo que no se acordó en un año. Se ha planteado la integración de una comisión de la verdad; en treinta días a lo sumo se ejercitará un acto de irresponsabilidad al tratar de investigar, analizar, concluir y recomendar, aún con la ayuda que le pueda ser de utilidad el documento “Basta ya” del Centro de Memoria Histórica.

El tiempo se acabó.  Si los enfrentamientos verbales de los últimos días entre los máximos jefes de las delegaciones no son concertación estratégica ni coincidencia, y en vista de que el tiempo se acabó sin llegar a acuerdo final que finiquite el conflicto, en honor a la credibilidad a la que ya aspiran los colombianos tendremos que inferir que el proceso fracasó y solo tendríamos una elección entre dos cursos de acción extremos: levantarse las partes de la mesa y continuar la guerra por tiempo indefinido. O bien, en honor al deber de Jefe de Estado, capaz de jerarquizar valores, propiciar no un aplazamiento sino un receso prudencial que proporcione espacio de distensión y reflexión, y además ofrezca la posibilidad de sintonizar los tiempos institucionales, en un panorama político más claro y de perfil mejor definido.

Amanecerá y veremos.

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