Ha muerto el más grande de los colombianos

Publicado el abril 20, 2014 11:21 pm por with 1 comentario

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Por: Elberto Rojas Zorro, MD

Gabriel García Márquez ha muerto. El cuentista, el ensayista, el novelista, el periodista y el genio de la literatura universal ha partido para nunca regresar, pero ha dejado al mundo el más maravilloso legado intelectual que lo elevará a la categoría de la inmortalidad.

En el mundo su obra será recordada y releída no solo por su impecable estructura lingüística, sino por la exuberancia de su espíritu poético y sus profundos contenidos  filosóficos, éticos, sociales y políticos presentados en un marco de simbolismo y fantasía en el que da fe de la cruda realidad, traducida en el realismo mágico que la caracteriza;  esto constituye la impronta de su inmortal obra.

El mundo ha alabado la obra del maestro que ha partido; la censura no existe. Lo ha premiado universalmente por el producto de su imaginación, de su creatividad y de su palpitante alma de poeta.

En Colombia, los colombianos lo recordaremos no solo como uno de los grandes exponentes de la literatura universal sino como el colombiano poseedor de condiciones humanas excepcionales y de un ethos paradigmático que le facilitaron estar siempre pronto a ayudar a sortear algunas de las grandes dificultades por las que ha pasado nuestro país, aún a costa de ser mal interpretado por personajes primarios, ignorantes absolutos de los valores superiores.

Lo recordaremos como el hombre sencillo, humilde, de buen corazón, rebosante de sensibilidad social; como un cultor y defensor auténtico de la amistad, de la solidaridad, de la paz y de la fraternidad. Con estos atributos construyó su ethos de un hombre por excelencia humanitario. Por esto, García Márquez no solo escribió Cien años de soledad, sino que también se preocupó permanentemente por la soledad de Colombia y de Latinoamérica, construyendo así un camino nuevo hacia cambios profundos en la política latinoamericana que antes de su muerte han empezado a vislumbrarse. Desde su propia altura criticó la manera en que se ejerce el poder y presentó su propia visión de la democracia, y del mundo contemporáneo.

Recordarlo como el colombiano que nunca se sonrojo de su identidad, que defendió y de la cual se sintió orgulloso; recordarlo como el colombiano respetuoso del pensamiento ajeno y responsable de sus actos; que estuvo alejado de la tentación totalitaria, cualquiera que ella fuere y no fue amigo de imponer sus propias ideas a los demás. Esta verdad la enuncia sabiamente cuando ha dicho: “Entiendo que un intelectual es una persona que tiene ideas preconcebidas que trata de adaptar a la realidad del mundo”. Gabo, reconoce aquí, la no aceptación de principios absolutos, pero también la no imposición de tales principios omnicomprensivos que no se podrían imponer en el mundo, impunemente.

Con motivo de la celebración de los doscientos años de la Universidad de Antioquia, en el año 2003, Gabriel García Márquez señalo: “Colombia, una patria oprimida que en medio de tantos infortunios ha aprendido a ser feliz, sin la felicidad, y aún en contra de ella. Creo que Colombia está aprendiendo a sobrevivir con una fe indestructible cuyo mérito mayor es el de ser más fructífera cuanto más adversa”.

Una de las características de la narrativa Garciamarquiana es la de ser fiel a los contextos históricos desde los cuales su imaginación creadora articulaba la realidad con la fantasía, pero siempre con fidelidad a la verdad. Para no lastimar la coherencia, el lector desentrañara el contexto que inspiró la anterior intervención de Gabriel García Márquez.

Ya en 1982, en su discurso al recibir el premio Nobel, cuando nuestro país anegado en sangre, con muertos  y sufrimiento se veía y no se veía el surgimiento apabullante de una nueva manera de hacer política y de acceder al  poder, el nuevo Nobel de Literatura dijo: “En cada línea que escribo trato siempre con mayor o menor fortuna de invocar los espíritus esquivos de la poesía y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte”.

Este era el lenguaje decente, poético, angelical, romántico y mágico propio del intelectual que desde las alturas utilizaba para denunciar ante el mundo civilizado las ocurrencias en lugares de barbarie; en este párrafo del Nobel de Literatura se clama poéticamente por la defensa del supremo valor del ser humano: la vida.

Como apasionado que fue Gabriel García Márquez por los vericuetos de la política, conoció los extremos en sus fuentes; pero también, por su trasegar incansable de lector, las reflexiones de los filósofos griegos y parece haberse decidido por la opción de la phronesis aristotélica para construir el paradigma ético que nos ha legado.

Los colombianos recordaremos ese legado, que sin duda será el fundamento más importante para construir una nueva sociedad, respetuosa, responsable, solidaria, tolerante y justa.

Gracias Maestro

Paz en su lugar de reposo.

 

Elberto Rojas Zorro. MD.

One response to Ha muerto el más grande de los colombianos

  1. Leonardo abril 20th, 2014 at 11:38 pm

    Excelente y sentida nota póstuma sobre la partida del colombiano más destacado e influyente de todos los tiempos, Gabriel García Márquez. Su talento y fuerza moral son auténtico motivo de orgullo nacional.

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