La normalización de las relaciones cubano-americanas y su impacto regional

Publicado el diciembre 20, 2014 2:20 pm por with 0 comentarios

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Por: Editores NoticiasABC.com

El anuncio hecho por los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos el 17 de diciembre de 2014 sobre la normalización de sus relaciones diplomáticas y el intercambio de prisioneros, fue recibido con alegría y sorpresa por amplios sectores de la sociedad en dichos países, así como por la comunidad internacional. Una vez decantadas las primeras emociones surgen preguntas obligadas como ¿Hasta qué punto se “normalizarán” las relaciones entre ambos países? ¿Cuál es el efecto del anuncio sobre las relaciones interamericanas?

En alocución simultánea en la Habana y Washington, los presidentes Barack Obama y Raúl Castro reconocieron ante el mundo, además, que existen áreas de cooperación y diferencias entre ambos países; subrayaron que aún subsiste el embargo amparado por la ley de los Estados Unidos; se refirieron a los cambios ocurridos en la economía de Cuba durante los últimos años; mencionaron la conversación telefónica que sostuvieron la víspera del anuncio, con lo cual pusieron de relieve el hecho de que como parte de las negociaciones hubo un contacto directo a nivel presidencial; agradecieron la importante colaboración prestada por el Papa Francisco y el Gobierno de Canadá, a lo largo del proceso que condujo a las decisiones del día 17 de diciembre; y aludieron a áreas donde se produciría un mejoramiento concreto en las relaciones, tales como los viajes entre ambos países, el desarrollo de las telecomunicaciones y los contactos entre las familias de origen cubano en ambos países.

Además de estos puntos en común, resulta interesante observar las diferencias en las declaraciones ofrecidas por ambos gobernantes. Lo primero que llama la atención es la diferencia de énfasis. El pronunciamiento cubano estuvo centrado en el retorno a casa de los tres prisioneros cubanos que aún se encontraban en territorio estadounidense (parte de “los cinco antiterroristas”), en la apelación a la soberanía nacional como pieza irrenunciable de la revolución cubana y en la persistencia del bloqueo económico y financiero. La normalización de las relaciones diplomáticas apareció en el discurso de Raúl Castro casi como una confesión vergonzante, aunque debe destacarse el valor de agradecer personalmente al Presidente estadounidense por las decisiones adoptadas.

Obama, por otro lado, arrancó anunciando la normalización de las relaciones y reconociendo el fracaso de la política exterior americana frente a Cuba, para lo cual se apoyó en antecedentes históricos. Destacó las diferencias que aún subsisten entre ambos países y las oportunidades que se abren a partir de ahora en términos de cooperación e intercambio comercial.  Sin duda, ambos discursos fueron pensados, en primer lugar, para llegar a los oídos de unas audiencias nacionales acostumbradas a un lenguaje poco amigable y que a partir de ahora necesitarán adecuarse a otro tono y otro mensaje. Pero también el mensaje era para la comunidad internacional y en particular para los países de América Latina.

Obama fue muy concreto sobre dicho punto y llegó a sostener que el cambio de política significaba un remozamiento del liderazgo americano en la región. “Todos somos americanos” alcanzó a decir en español, mientras hacia un llamado a dejar atrás las desconfianzas anticoloniales.

Estamos ante un hecho que ha sido calificado como el paso más importante dado por ambos países hacia la normalización de sus relaciones en los últimos cincuenta años. Un hecho histórico, sin duda. Obama está dando muestras de estar en condiciones de hacer uso de todo el poder presidencial para convertir los anuncios en realidades. Raúl Castro fue mucho más cauteloso. No son solamente las desconfianzas propias de más de cincuenta años de conflicto. Obama fue muy claro: es posible tener mayor influencia sobre una sociedad abierta que sobre una cerrada. Estados Unidos ha comenzado ya un gigantesco ejercicio de “poder suave” donde una de las metas principales consiste en seducir a la sociedad cubana, haciendo que quieran parecerse cada vez más a la sociedad estadounidense a través de la fuerza de su cultura y del consumo. Para ello una herramienta esencial se encuentra en el acceso a internet, las redes sociales, la normalización de los viajes, la inversión, el comercio, el intercambio financiero. El conflicto, que no ha terminado sino que se ha transformado, ingresó al terreno de la cultura.

Es previsible que Raúl Castro esté en condiciones de administrar esta nueva fase del conflicto, pero ¿por cuánto tiempo más podrá hacerlo un gobernante de 82 años de edad? ¿La dirigencia de transición y de relevo se apegará a la misma ortodoxia?

Ocurrido el terremoto político que esta noticia significa, ahora debemos prepararnos para el tsunami que se avecina. ¿Cuál es el efecto del anuncio sobre las relaciones interamericanas? La versión oficial sostiene que las negociaciones entre Cuba y los Estados Unidos comenzaron hace 18 meses en Canadá. ¿Antes o después de la muerte de Hugo Chávez, ocurrida en marzo 5 de 2013? ¿Estaba Nicolás Maduro al tanto de las negociaciones de su principal aliado político? ¿Cómo se explica que la misma semana que Cuba y los Estados Unidos comienzan a escribir un nuevo volumen de su historia común, Washington imponga sanciones a un grupo de altos oficiales de la Fuerza Armada, la Policía y la Fiscalía General de Venezuela?

Obama le ha arrebatado de un tajo una de las principales banderas a la izquierda latinoamericana, como era el asunto del ostracismo cubano. Obama llama a eso liderazgo. Pero además, los Estados Unidos han puesto una cuña muy fuerte entre Cuba y Venezuela, justamente cuando este país se apresta a transitar uno de los periodos más duros desde el punto de vista económico, político y social. Con el precio del petróleo rondando los 60 dólares el barril, es previsible que los programas de subsidios oficiales se vean afectados (se habla insistentemente de un aumento en el precio de la gasolina) así como la inversión pública en su conjunto. De modo que están dadas unas condiciones para que la oposición venezolana, tanto la más moderada como la más radical, junto con sus auxiliadores en el exterior, se alisten para poner nuevamente en jaque al gobierno bolivariano, quien ahora encontrará a su aliado cubano con nuevas prioridades de política exterior. ¿Cómo se está interpretando la nueva posición cubana en Caracas? Probablemente con poco optimismo.

¿Cómo puede leerse esta coyuntura internacional desde Colombia? Para el Presidente Juan Manuel Santos esta es una buena noticia, pues el fortalecimiento de la legitimidad internacional de Cuba de alguna manera refuerza la validez de la Mesa de Negociación con las FARC. Hace apenas pocos días, el líder la oposición de derecha exigía que la Mesa se sacara de la Habana por la influencia peligrosa del gobierno cubano sobre el proceso. Hoy esa solicitud choca tajantemente con la nueva realidad política. Santos tiene ante sí la oportunidad de re-encuadrar el proceso en función de las nuevas realidades. Para las FARC, por otra parte, la normalización de las relaciones cubano-americanas no puede entenderse de otra forma que como la pérdida de confianza en un valioso aliado internacional. En vías de superación del conflicto cubano-americano el conflicto armado interno en Colombia luce aún más obsoleto.  Se anuncia la terminación definitiva de la Guerra Fría en el Hemisferio.

La Cumbre de las Américas que se celebrará en abril de 2015 en Panamá luce ahora verdaderamente interesante. Quitado de en medio el asunto de Cuba, los protagonistas serán Castro y Obama, pero ahora en un contexto de cooperación. Tal vez los Estados Unidos no tengan en América Latina el liderazgo que pretenden, pero sí han demostrado iniciativa y la capacidad de cambiar la agenda política.  Su influencia y su poder se han fortalecido, y ello le da legitimidad para presentarse ante los gobiernos de las Américas con una visión que ahora sería recibida con una actitud más positiva.

El conflicto entre Cuba y los Estados Unidos no ha terminado, se ha transformado hacia uno donde jugará un rol importante el “poder suave”. Se está produciendo un reacomodo en la correlación de fuerzas entre los países del Hemisferio, con Estados Unidos en posición de ejercer más influencia y una Venezuela (junto con el ALBA) más marginal. Cuba tiene el enorme desafío de preservar lo positivo de la revolución y al mismo tiempo garantizar mayor bienestar para su pueblo sin sacrificar la soberanía y sin renunciar a sus principios.

 

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